Viernes de Películas en el TESORO

11:53pm. Suena de fondo de Pet Shop Boys con “Domino Dancing” en MUSINET CLÁSICO. Esta haciendo un calor del carajo y ando bebiendo aguapanela en “las rocas” con unas gotas de limón. No hay nada mejor para una noche veraniega. Tal véz una cerveza.



Acabo de ver el “Estreno”  de KUNG FU PANDA 2. Muy entretenida.  Pero sigo diciendo, que debería haber espacio en las salas de cine para las películas animadas en su idioma original. Las traducciones del idioma original al español, me parece, roban mucho dinamismo, cuando uno asocia al personaje animado con antelación, a la voz. Mi opinión. Además, me hubiese gustado escuchar la voz de Jean Claude Van Damme en el cuerpo de un cocodrilo, ya que Jackie Chan, es un mono.


Tengo una fascinación con el desarrollo de las historias que veo en la pantalla grande, a pesar que mi dislexia (y mi despiste) me hacen perder el objeto primario de vista fácilmente. Pero eso sí, tengo una memoria pendeja para recordar detalles en los filmes. Mi novia dice que no disfruto las películas por estar prestando atención a los aspectos técnicos, pero me gusta la configuración de mi cerebro, a pesar que me pierdo del deleite sin sentido y momentáneo que padecen el resto de las personas cuando ven una acción graciosa, mientras yo veo el encuadre, la luz, el desarrollo del guión (valga decir que no sé muy bien de lo anteriormente nombrado, pero tengo nociones) y la construcción del personaje por parte del actor: Eso algunas veces funciona. Otras no.

Voy a tomar como ejemplo PIRATAS DEL CARIBE, las 3 primeras entregas; el personaje de Jack Sparrow por parte de Johnny Depp, me pareció magistral. Ahora, si vamos a tratar de conectar el Jack Sparrow misterioso, planificador y visionario de las primeras 3 películas, cuya personalidad de realidades bifurcadas era el centro de las maquinaciones, con el Jack Sparrow de “Pirates of the Caribbean: On Stranger Tides”, un personaje bufón, carente de vivacidad y acomodaticio en el sentido racional, sería un craso error.

 En una entrevista, Johnny Depp dijo que quería “deconstruir” el papel. ¿Pero, por qué? Está bien que nadie visualice a Jack sin Johnny, porque tienen similitudes y ambos crecieron para ser parte el uno del otro, pero eso no daba pie a que manipulara la idea masificada de quien era el personaje (basado en Keith Richards de los Rolling Stones): “El Capitan del Perla Negra”: lo más entonado, acertado y ficticio que tenían las películas en vez de ese tonto suertudo, que se ve balbuceando frente a Barba Negra en la última entrega.


Dejando eso aclarado, la historia de KUNG FU PANDA 2, aunque al inicio se siente algo sosa, toma fuerza, y da un giro inesperado, hermoso y hasta tierno, que remueve la fibra del espectador. Acepto que el ganso es uno de mis personajes favoritos (en la primera entrega fue Oogway, el maestro tortuga) y el desarrollo emocional entre él, y el panda, es simplemente cautivador. Lo es también, los matices de la contra parte (interpretada en inglés por) Gary Oldman (Shen el Pavo real). 

Las animaciones de Disney han convertido los inicios tristes en un cliché corporativo para vender (RÍO me pareció bastante deficiente en historia con un par de salvedades, pero el montaje de la animación, es otro cuento), cuando en el pasado, fue un hito que le llegó a las masas (Finding NEMO, UP, por decir las cercanas). Con la gente de Dreamworks, La constancia en ofrecer nuevas ideas, nuevas posiciones de sus personajes, y evitar caer en la redundancia o en la repetición, es a falta de otro calificativo, soberbio.


Ahora, Dreamworks ha hecho de las animaciones con buenas historias su misión en la vida, y lo han conseguido, aunque no con el reconocimiento, ni con el peso que su competidora Disney(en los OSCARES, HOW TO TRAIN YOUR DRAGON merecía el Oscar, tanto como TOY STORY, pero la tradición pesa más).


¿Por qué llegué a este rodeo? Porque soy un idiota. Porque mi novia me dijo que no disfruto las películas como debiera, porque espero llenar mis vacíos emocionales de la niñez con historias contadas por alguien que las actúa, y escritas por alguien más (y de quien no hablaremos acá). Podría abrir una disertación más compleja, más profunda, pero eso solo dejaría en entre dicho mi sanidad mental, mi capacidad de deleite, de mi verdadero conocimiento de las artes visuales, y si debiera emitir juicios cuando no he hecho nada propio. Pero debería. No es más.

Pdta: Vean KUNG FU PANDA 2. Es tan buena como la primera. Posiblemente más (palabras de mi novia, quien ya tiene un criterio sabroso con el cine: ¡Y no podría amarla menos por ello!).

Viernes de Películas en el TESORO

11:53pm. Suena de fondo de Pet Shop Boys con “Domino Dancing” en MUSINET CLÁSICO. Esta haciendo un calor del carajo y ando bebiendo aguapanela en “las rocas” con unas gotas de limón. No hay nada mejor para una noche veraniega. Tal véz una cerveza.



Acabo de ver el “Estreno”  de KUNG FU PANDA 2. Muy entretenida.  Pero sigo diciendo, que debería haber espacio en las salas de cine para las películas animadas en su idioma original. Las traducciones del idioma original al español, me parece, roban mucho dinamismo, cuando uno asocia al personaje animado con antelación, a la voz. Mi opinión. Además, me hubiese gustado escuchar la voz de Jean Claude Van Damme en el cuerpo de un cocodrilo, ya que Jackie Chan, es un mono.


Tengo una fascinación con el desarrollo de las historias que veo en la pantalla grande, a pesar que mi dislexia (y mi despiste) me hacen perder el objeto primario de vista fácilmente. Pero eso sí, tengo una memoria pendeja para recordar detalles en los filmes. Mi novia dice que no disfruto las películas por estar prestando atención a los aspectos técnicos, pero me gusta la configuración de mi cerebro, a pesar que me pierdo del deleite sin sentido y momentáneo que padecen el resto de las personas cuando ven una acción graciosa, mientras yo veo el encuadre, la luz, el desarrollo del guión (valga decir que no sé muy bien de lo anteriormente nombrado, pero tengo nociones) y la construcción del personaje por parte del actor: Eso algunas veces funciona. Otras no.

Voy a tomar como ejemplo PIRATAS DEL CARIBE, las 3 primeras entregas; el personaje de Jack Sparrow por parte de Johnny Depp, me pareció magistral. Ahora, si vamos a tratar de conectar el Jack Sparrow misterioso, planificador y visionario de las primeras 3 películas, cuya personalidad de realidades bifurcadas era el centro de las maquinaciones, con el Jack Sparrow de “Pirates of the Caribbean: On Stranger Tides”, un personaje bufón, carente de vivacidad y acomodaticio en el sentido racional, sería un craso error.

 En una entrevista, Johnny Depp dijo que quería “deconstruir” el papel. ¿Pero, por qué? Está bien que nadie visualice a Jack sin Johnny, porque tienen similitudes y ambos crecieron para ser parte el uno del otro, pero eso no daba pie a que manipulara la idea masificada de quien era el personaje (basado en Keith Richards de los Rolling Stones): “El Capitan del Perla Negra”: lo más entonado, acertado y ficticio que tenían las películas en vez de ese tonto suertudo, que se ve balbuceando frente a Barba Negra en la última entrega.


Dejando eso aclarado, la historia de KUNG FU PANDA 2, aunque al inicio se siente algo sosa, toma fuerza, y da un giro inesperado, hermoso y hasta tierno, que remueve la fibra del espectador. Acepto que el ganso es uno de mis personajes favoritos (en la primera entrega fue Oogway, el maestro tortuga) y el desarrollo emocional entre él, y el panda, es simplemente cautivador. Lo es también, los matices de la contra parte (interpretada en inglés por) Gary Oldman (Shen el Pavo real). 

Las animaciones de Disney han convertido los inicios tristes en un cliché corporativo para vender (RÍO me pareció bastante deficiente en historia con un par de salvedades, pero el montaje de la animación, es otro cuento), cuando en el pasado, fue un hito que le llegó a las masas (Finding NEMO, UP, por decir las cercanas). Con la gente de Dreamworks, La constancia en ofrecer nuevas ideas, nuevas posiciones de sus personajes, y evitar caer en la redundancia o en la repetición, es a falta de otro calificativo, soberbio.


Ahora, Dreamworks ha hecho de las animaciones con buenas historias su misión en la vida, y lo han conseguido, aunque no con el reconocimiento, ni con el peso que su competidora Disney(en los OSCARES, HOW TO TRAIN YOUR DRAGON merecía el Oscar, tanto como TOY STORY, pero la tradición pesa más).


¿Por qué llegué a este rodeo? Porque soy un idiota. Porque mi novia me dijo que no disfruto las películas como debiera, porque espero llenar mis vacíos emocionales de la niñez con historias contadas por alguien que las actúa, y escritas por alguien más (y de quien no hablaremos acá). Podría abrir una disertación más compleja, más profunda, pero eso solo dejaría en entre dicho mi sanidad mental, mi capacidad de deleite, de mi verdadero conocimiento de las artes visuales, y si debiera emitir juicios cuando no he hecho nada propio. Pero debería. No es más.

Pdta: Vean KUNG FU PANDA 2. Es tan buena como la primera. Posiblemente más (palabras de mi novia, quien ya tiene un criterio sabroso con el cine: ¡Y no podría amarla menos por ello!).

Pensando en la madre...

Un día caluroso y veraniegamente extraño. En medio del invierno, es como encontrar un billete de 50.000 pesos  luego de pagar vencidos los servicios.
El calor es sofocante. No provoca tirarse a la cama. Así de grave es el asunto. He debido limpiarme las manos al menos unas diez veces lo que hace que estoy chateando y escribiendo. Así es el nivel de sudoración que la noche produce.
Lo malo de los días calurosos y veraniegos, es que solo recuerdan lo febril de la mente humana, y los pensamientos que pueden embargar a un ser consciente (e inconsistente). Para rematar, es día de la madre, uno de los dos días más peligrosos en Medellín. Pero eso, me tiene sin cuidado. Mi madre no vive conmigo, entonces no estoy en función de la fecha; o lo estoy a medias; otras madres me rodean y, no puede hacérsele el FEO al gremio. Son “cool”. Siempre habrá otras madres y otros hijos. Y por eso, todo mundo anda en tónica de compras y festividades. Todo se alborota, todo se vuelve caótico y yo, sigo igual, acalorado, pero desparpajado.
Me estoy bebiendo una cerveza Heineken a sorbos cortos… Quiero dilatar su sabor lo más posible, pero el clima, me arruina su temperatura fría; se está calentando muy pronto. Pensamientos cortos y mordaces. Pienso en cómo cambian las cosas. Y lo poco que lo hago yo en comparación. No distingo en si eso es bueno o malo. Es probable que malo, porque todo varía, converge, se transforma, transmuta. Yo no puedo ser la excepción. La naturaleza no me ha hecho TAN superior; solo pienso más fluido que unos cuantos animales inferiores y una que otra ave de exótica (yo, sigo siendo un animal); y como buen papanatas que le teme al cambio, a la madurez, y sobreprotejo mi síndrome de Peter Pan, al cambio, lo relego. Mi estado remanente y estable, auto generado y auto aplicado, me permite lujos como pensar lo que pienso; de todas formas me traerá problemas. Aunque lujo sería que aquello que pienso, produjera dividendos. No es capitalismo, es subsistencia, ganas de superación, y necesito un camastro que no suene cuando giro, respiro, sacudo o saludo.
Divago entre la hora, el sabor de la cerveza y como haré para conciliar el sueño enseguida. Ando maquinando, que le hubiese dado a mi madre si estuviese acá conmigo. Los electrodomésticos, nunca fueron buenos regalos para una madre… Es como que a mí me regalen (siendo historiador) un libro de Foucault. Buen libro, pero a mí, me sirve de mierda; no soy tan buen historiador. Le saco más jugo a un comic, o a un set de juguetes coleccionables, de la misma forma como mi madre le hubiese sacado más jugo a un día de Spa, o a un juego de collar-aretes. Ya a la cerveza le falta un trago. Que pronto se termina una rica cerveza cuando el calor nos arrincona. Maldito último trago; ese que se reserva, el último hálito de vida de un líquido bien fermentado, de su sabor, de consistencia de la cebada. Ese último trago que no se comparte, o que no se quiere compartir, porque, pues, es el último de la noche. Y quiero hacerlo rendir hasta que más pueda.
Con lo de mi madre, tal vez pudiese regalarle ser mejor hijo, pero, cuando hay distancia de por medio (y no me refiero a media hora de camino, ni del tiempo de un paseo a Buga, sino a distancia continental), eso es un “entre líneas”. Igual, sino he sido buen hermano, jodido planear ser buen hijo… Es más, ser bueno, me confunde. Sin embargo, repetir malos patrones de conducta, aprendidos por parte de algunos representativos adultos en la niñez, no hacen ni definen al individuo (a excepción de casos de traumas varios, violación de cualquier tipo, abusos, etc., pero este, gracias a Dios/Buddha/Mahoma, etc.- no es mi caso) y es mejor, plantearse que esperamos para cuando seamos mayores: Si ser buenos seres humanos, rodeados de parentela, o malos seres humanos con un museo en la casa al que solo tienen acceso la pareja de vida, las mascotas y el forense cuando recojan nuestro cadáver.
Tengo los pensamientos atribulados y para rematar, no quiero que se termine la cerveza. Pero es mejor la cerveza que la oscuridad de la noche, pues en ella, me amparo. Quiero dilatar su duración hasta que el alba de la mañana venga. Pero eso, no creo que diga nada bueno de mí o mi personalidad.
La Heineken, su aroma, su sabor, me produjo una sensación de deja vù; me transportó al momento de mi primera visita a EEUU, unos 6 años atrás, cuando fui a visitar a mi madre y a mi hermana que se había hecho madre; ambas viven en Norte América… habían pasado dos semanas desde el momento que llegué con mi papá. Mi padre, madre, mi hermana mayor y mi primera sobrina estaban ahí, alrededor del tv, y yo, entraba de trabajar como asistente de mecánica; había un olor específico en el ambiente, un aroma distintivo que me decía que no estaba en mi lugar, no era mi tierra, no era mi cama, y a duras penas, era mi gente; aún así, fueron dos buenos meses. No obstante fue justo ahí, al umbral del sonido del aire acondicionado, de una Heineken que bebía para el calor de verano nocturno, donde me di cuenta, que el núcleo familiar como lo conocí, ya no existía. Éramos entidades aparte. Éramos familia, pero no “LA FAMILIA”. Seguíamos siendo: padre, madre, hermanos, pero no se sentía como “EL padre, LA madre, LOS hermanos”; no éramos las mismas personas aunque nos reconocíamos de la niñez. Se podía percibir. Se sintió. Se supo. Como cuando nos enteramos que Papá Noel son nuestros progenitores. Pero el cariño estaba ahí. Habíamos crecido; nos distinguíamos pero nos diferenciábamos con una certeza desagradablemente asertiva; éramos adultos, entendíamos nuestras diferencias y, los padres como “deidades”, cayeron por el peso de su humilde humanidad. ¿Esta extrañeza será transmitida a los pequeños miembros de la generación que ya estaba llegando, o ya venían con ella? Quién sabe. Espero que no. Pero no soy yo el que eso decide, ni quien dirá nada al respecto. No planeo las vidas de los demás. Solo la mía, y ni eso lo hago bien; ojalá lo hiciera… Ya hay madres a mí alrededor. Mis sobrinos ya estaban en camino. Ya están aquí. El ciclo se repite, y se repetirá.
La cerveza se terminó. Aún tengo calor. Sigo sin sueño. Cerebro a medio freír.
Feliz día a las futuras madres; a quienes son nuevas madres; a las que planean ser madres, a las (los) que son una madre, a quien se les “menta” la madre, a las madres de las madres. 
Feliz día a todas ustedes y gracias por ser un gremio tan unido. Los castigos colectivos no serían igual sin ustedes.

Pensando en la madre...

Un día caluroso y veraniegamente extraño. En medio del invierno, es como encontrar un billete de 50.000 pesos  luego de pagar vencidos los servicios.
El calor es sofocante. No provoca tirarse a la cama. Así de grave es el asunto. He debido limpiarme las manos al menos unas diez veces lo que hace que estoy chateando y escribiendo. Así es el nivel de sudoración que la noche produce.
Lo malo de los días calurosos y veraniegos, es que solo recuerdan lo febril de la mente humana, y los pensamientos que pueden embargar a un ser consciente (e inconsistente). Para rematar, es día de la madre, uno de los dos días más peligrosos en Medellín. Pero eso, me tiene sin cuidado. Mi madre no vive conmigo, entonces no estoy en función de la fecha; o lo estoy a medias; otras madres me rodean y, no puede hacérsele el FEO al gremio. Son “cool”. Siempre habrá otras madres y otros hijos. Y por eso, todo mundo anda en tónica de compras y festividades. Todo se alborota, todo se vuelve caótico y yo, sigo igual, acalorado, pero desparpajado.
Me estoy bebiendo una cerveza Heineken a sorbos cortos… Quiero dilatar su sabor lo más posible, pero el clima, me arruina su temperatura fría; se está calentando muy pronto. Pensamientos cortos y mordaces. Pienso en cómo cambian las cosas. Y lo poco que lo hago yo en comparación. No distingo en si eso es bueno o malo. Es probable que malo, porque todo varía, converge, se transforma, transmuta. Yo no puedo ser la excepción. La naturaleza no me ha hecho TAN superior; solo pienso más fluido que unos cuantos animales inferiores y una que otra ave de exótica (yo, sigo siendo un animal); y como buen papanatas que le teme al cambio, a la madurez, y sobreprotejo mi síndrome de Peter Pan, al cambio, lo relego. Mi estado remanente y estable, auto generado y auto aplicado, me permite lujos como pensar lo que pienso; de todas formas me traerá problemas. Aunque lujo sería que aquello que pienso, produjera dividendos. No es capitalismo, es subsistencia, ganas de superación, y necesito un camastro que no suene cuando giro, respiro, sacudo o saludo.
Divago entre la hora, el sabor de la cerveza y como haré para conciliar el sueño enseguida. Ando maquinando, que le hubiese dado a mi madre si estuviese acá conmigo. Los electrodomésticos, nunca fueron buenos regalos para una madre… Es como que a mí me regalen (siendo historiador) un libro de Foucault. Buen libro, pero a mí, me sirve de mierda; no soy tan buen historiador. Le saco más jugo a un comic, o a un set de juguetes coleccionables, de la misma forma como mi madre le hubiese sacado más jugo a un día de Spa, o a un juego de collar-aretes. Ya a la cerveza le falta un trago. Que pronto se termina una rica cerveza cuando el calor nos arrincona. Maldito último trago; ese que se reserva, el último hálito de vida de un líquido bien fermentado, de su sabor, de consistencia de la cebada. Ese último trago que no se comparte, o que no se quiere compartir, porque, pues, es el último de la noche. Y quiero hacerlo rendir hasta que más pueda.
Con lo de mi madre, tal vez pudiese regalarle ser mejor hijo, pero, cuando hay distancia de por medio (y no me refiero a media hora de camino, ni del tiempo de un paseo a Buga, sino a distancia continental), eso es un “entre líneas”. Igual, sino he sido buen hermano, jodido planear ser buen hijo… Es más, ser bueno, me confunde. Sin embargo, repetir malos patrones de conducta, aprendidos por parte de algunos representativos adultos en la niñez, no hacen ni definen al individuo (a excepción de casos de traumas varios, violación de cualquier tipo, abusos, etc., pero este, gracias a Dios/Buddha/Mahoma, etc.- no es mi caso) y es mejor, plantearse que esperamos para cuando seamos mayores: Si ser buenos seres humanos, rodeados de parentela, o malos seres humanos con un museo en la casa al que solo tienen acceso la pareja de vida, las mascotas y el forense cuando recojan nuestro cadáver.
Tengo los pensamientos atribulados y para rematar, no quiero que se termine la cerveza. Pero es mejor la cerveza que la oscuridad de la noche, pues en ella, me amparo. Quiero dilatar su duración hasta que el alba de la mañana venga. Pero eso, no creo que diga nada bueno de mí o mi personalidad.
La Heineken, su aroma, su sabor, me produjo una sensación de deja vù; me transportó al momento de mi primera visita a EEUU, unos 6 años atrás, cuando fui a visitar a mi madre y a mi hermana que se había hecho madre; ambas viven en Norte América… habían pasado dos semanas desde el momento que llegué con mi papá. Mi padre, madre, mi hermana mayor y mi primera sobrina estaban ahí, alrededor del tv, y yo, entraba de trabajar como asistente de mecánica; había un olor específico en el ambiente, un aroma distintivo que me decía que no estaba en mi lugar, no era mi tierra, no era mi cama, y a duras penas, era mi gente; aún así, fueron dos buenos meses. No obstante fue justo ahí, al umbral del sonido del aire acondicionado, de una Heineken que bebía para el calor de verano nocturno, donde me di cuenta, que el núcleo familiar como lo conocí, ya no existía. Éramos entidades aparte. Éramos familia, pero no “LA FAMILIA”. Seguíamos siendo: padre, madre, hermanos, pero no se sentía como “EL padre, LA madre, LOS hermanos”; no éramos las mismas personas aunque nos reconocíamos de la niñez. Se podía percibir. Se sintió. Se supo. Como cuando nos enteramos que Papá Noel son nuestros progenitores. Pero el cariño estaba ahí. Habíamos crecido; nos distinguíamos pero nos diferenciábamos con una certeza desagradablemente asertiva; éramos adultos, entendíamos nuestras diferencias y, los padres como “deidades”, cayeron por el peso de su humilde humanidad. ¿Esta extrañeza será transmitida a los pequeños miembros de la generación que ya estaba llegando, o ya venían con ella? Quién sabe. Espero que no. Pero no soy yo el que eso decide, ni quien dirá nada al respecto. No planeo las vidas de los demás. Solo la mía, y ni eso lo hago bien; ojalá lo hiciera… Ya hay madres a mí alrededor. Mis sobrinos ya estaban en camino. Ya están aquí. El ciclo se repite, y se repetirá.
La cerveza se terminó. Aún tengo calor. Sigo sin sueño. Cerebro a medio freír.
Feliz día a las futuras madres; a quienes son nuevas madres; a las que planean ser madres, a las (los) que son una madre, a quien se les “menta” la madre, a las madres de las madres. 
Feliz día a todas ustedes y gracias por ser un gremio tan unido. Los castigos colectivos no serían igual sin ustedes.

 Me encontré con una amiga.

Pasa por un mal momento de relación. Algo que muchos hemos pasado-vivido-estado-superado. Pero eso no quiere decir que esté bien, o que sea fácil.

Aprendí, que para que una relación marche, la honestidad debe ser parte fundamental y estructural del día a día de la misma relación. Al menos, he tratado de ser lo más frontal con mis cosas de lo que cualquiera hubiese querido. Los secretos, tarde o temprano, vendrán a mordernos el trasero; y yo prefiero que la mordida sea leve. No me gustan las marcas que YO mismo no me he buscado.

Como mucho de mi personalidad, me avoco a los medios para tener una idea de lo que busco, o de cómo quiero accionar frente a una situación, aunque las fuentes, sean netamente ficticias, y lo que aprendí en ellos, es que no todo marcha con unas risas de fondo, pero que vale la pena intentarlo. Y una de las cosas que siempre he querido tener, es una relación como la de HelenHunt y Paul Reiser en “MAD ABOUT YOU. Envidié el nivel de entendimiento que esos dos personajes tienen. El humor con el que se comunican y la forma cadenciosa con la que pueden unir no solo una mala situación, sino a sus poco convergentes familias. No son infalibles, porque tratan de ser y emular lo más cercano posible a la realidad de lo que les es viable a los guionistas, pero igual, siguen siendo caracteres de ficción. Cuando pelearon en la 5ta temporada, por poco veo la única pareja que respetaba, envidiaba y tenía como epítome emocional, terminar sus días por un desliz sin sentido. 

Pero, ¿quién no ha sentido uno de esos? La carne es débil, se pudre, y corroe lo que está a su alrededor. Pero la mente, tiene que aprender a manejar esas vainas. Se supone que somos seres consientes. Deberíamos actuar como tal.

Siempre habrá gente más linda, atractiva, emocionante allá afuera, donde no somos pareja de alguien, sino individuos. Pero el hecho de ser seres pensantes, individuales, no nos da el derecho de hacer lo que nos venga en gana. Cuando estamos en pareja, debemos pensar en 2. Ya dejamos de decir: “Voy a salir de juerga”, para decir, “vamos de juerga”;  Ya no salimos con los cuates, para salir en parejas; dejamos de lado ir a la peluquería por media hora, para salir de “actividades varias” que incluyen, la manicura y el corte de cabello, y todo con el beneplácito de nuestras parejas.

Nunca pensé que yo sería parte de algo más que la mugre de mi camastro, o que la única que me querría sería mi abuela (con quien nunca hablo). Sentirse parte de algo más que de la cuota de servicios es lindo, y más lindo si es algo que es gratis (salidas a cine no incluidas). 
Mi novia ha ejercido una gran y fuerte influencia en mi cotidianidad. Me hace querer ser mejor (UNO NO CAMBIA, MEJORA, no se engañen, ni engañen por eso) y todos los días procuro no entorpecer dicha misión (por eso evito llamadas maternas, paternas, de hermandad, de deudas, de idiotas y de Germán).

A todas estas, con todo ese aprendizaje, y ese volumen de mejoras, hay que decirlo, el crecimiento de pareja y en pareja, es inevitable; ya uno no piensa en “que chidos esos jeans” sino, en “¿a mi novia le gustarán esos Jeans?”; o “¿me seguirá amando si me hago poner unos expansores en las orejas?” ó un clásico como “¿si me tatúo su nombre en la ingle, le gustará?”. Ya uno deja de estar en función de uno mismo para estar en función del equipo. Uno nunca oye a un jugador de fútbol (hablando de analogías para los menos entendidos y que les gusta ese deporte) hablar por si mismo del juego, sino en son del equipo, no es porque se sienta obligado, no solo porque le pagan, no solo porque los ve todos los putos días, suda con ellos, se ducha en el mismo espacio con ellos; es por mucho más; es porque siente pasión por lo que hace, con quien lo hace, siente amor por lo que significa ser parte de algo que le da identidad, que le da pertenencia, y le da sentido más allá del deber, del estar y del querer.

No las hagamos aparte. No las hagamos sentir ajenas de algo en lo que ya están comprometidas; no las excluyamos si de verdad queremos que estén a nuestro lado; no hay excusas; si la relación es mala, terminémosla, no prolonguemos lo inevitable; si es lo mejor que hemos tenido, valorémoslo y no dejemos que todo se marchite, que todo ejerza un peso de caída inevitable, y démosles el lugar, la valía que esas personas que queremos y nos quieren, merecen.

 Me encontré con una amiga.

Pasa por un mal momento de relación. Algo que muchos hemos pasado-vivido-estado-superado. Pero eso no quiere decir que esté bien, o que sea fácil.

Aprendí, que para que una relación marche, la honestidad debe ser parte fundamental y estructural del día a día de la misma relación. Al menos, he tratado de ser lo más frontal con mis cosas de lo que cualquiera hubiese querido. Los secretos, tarde o temprano, vendrán a mordernos el trasero; y yo prefiero que la mordida sea leve. No me gustan las marcas que YO mismo no me he buscado.

Como mucho de mi personalidad, me avoco a los medios para tener una idea de lo que busco, o de cómo quiero accionar frente a una situación, aunque las fuentes, sean netamente ficticias, y lo que aprendí en ellos, es que no todo marcha con unas risas de fondo, pero que vale la pena intentarlo. Y una de las cosas que siempre he querido tener, es una relación como la de HelenHunt y Paul Reiser en “MAD ABOUT YOU. Envidié el nivel de entendimiento que esos dos personajes tienen. El humor con el que se comunican y la forma cadenciosa con la que pueden unir no solo una mala situación, sino a sus poco convergentes familias. No son infalibles, porque tratan de ser y emular lo más cercano posible a la realidad de lo que les es viable a los guionistas, pero igual, siguen siendo caracteres de ficción. Cuando pelearon en la 5ta temporada, por poco veo la única pareja que respetaba, envidiaba y tenía como epítome emocional, terminar sus días por un desliz sin sentido. 

Pero, ¿quién no ha sentido uno de esos? La carne es débil, se pudre, y corroe lo que está a su alrededor. Pero la mente, tiene que aprender a manejar esas vainas. Se supone que somos seres consientes. Deberíamos actuar como tal.

Siempre habrá gente más linda, atractiva, emocionante allá afuera, donde no somos pareja de alguien, sino individuos. Pero el hecho de ser seres pensantes, individuales, no nos da el derecho de hacer lo que nos venga en gana. Cuando estamos en pareja, debemos pensar en 2. Ya dejamos de decir: “Voy a salir de juerga”, para decir, “vamos de juerga”;  Ya no salimos con los cuates, para salir en parejas; dejamos de lado ir a la peluquería por media hora, para salir de “actividades varias” que incluyen, la manicura y el corte de cabello, y todo con el beneplácito de nuestras parejas.

Nunca pensé que yo sería parte de algo más que la mugre de mi camastro, o que la única que me querría sería mi abuela (con quien nunca hablo). Sentirse parte de algo más que de la cuota de servicios es lindo, y más lindo si es algo que es gratis (salidas a cine no incluidas). 
Mi novia ha ejercido una gran y fuerte influencia en mi cotidianidad. Me hace querer ser mejor (UNO NO CAMBIA, MEJORA, no se engañen, ni engañen por eso) y todos los días procuro no entorpecer dicha misión (por eso evito llamadas maternas, paternas, de hermandad, de deudas, de idiotas y de Germán).

A todas estas, con todo ese aprendizaje, y ese volumen de mejoras, hay que decirlo, el crecimiento de pareja y en pareja, es inevitable; ya uno no piensa en “que chidos esos jeans” sino, en “¿a mi novia le gustarán esos Jeans?”; o “¿me seguirá amando si me hago poner unos expansores en las orejas?” ó un clásico como “¿si me tatúo su nombre en la ingle, le gustará?”. Ya uno deja de estar en función de uno mismo para estar en función del equipo. Uno nunca oye a un jugador de fútbol (hablando de analogías para los menos entendidos y que les gusta ese deporte) hablar por si mismo del juego, sino en son del equipo, no es porque se sienta obligado, no solo porque le pagan, no solo porque los ve todos los putos días, suda con ellos, se ducha en el mismo espacio con ellos; es por mucho más; es porque siente pasión por lo que hace, con quien lo hace, siente amor por lo que significa ser parte de algo que le da identidad, que le da pertenencia, y le da sentido más allá del deber, del estar y del querer.

No las hagamos aparte. No las hagamos sentir ajenas de algo en lo que ya están comprometidas; no las excluyamos si de verdad queremos que estén a nuestro lado; no hay excusas; si la relación es mala, terminémosla, no prolonguemos lo inevitable; si es lo mejor que hemos tenido, valorémoslo y no dejemos que todo se marchite, que todo ejerza un peso de caída inevitable, y démosles el lugar, la valía que esas personas que queremos y nos quieren, merecen.
Bueno. Perdido, pero no muerto.

¿Qué querían en su infancia ser cuando fueran grandes? ¿Alguien lo recuerda? ¿Algo parecido con ser bombero, policía, doctor, limpia chimeneas? (tuve una alta influencia por parte de cuentos ingleses y uno que otro francés).

¿Alguien recuerda haber trazado algo para su vida iniciando con su infancia? ¿Algo que relacionara su vida con lo que son ahora? ¿Si es así, son lo que esperaban? ¿Se les acerca? 

He tratado inútilmente de recordar que putas era lo que YO esperaba ser cuando grande, siendo niño. Vagamente viene a mi memoria que quería ser inventor (traté de realizar un insecticida de forma infructuosa, además, no me quedó gustando eso de matar animales, por pequeños que fueran). Cada vez que veía los Magníficos (The A-Team), quería ser militar con experiencia en demoliciones; Cada vez que veía el auto fantástico (The Knight Rider), quería ser chofer para conocer el mundo a travez de las carreteras; con McGyver, el mismo cuento (tarde me enteré que el cabello de mapache era un espía, y solo Budhha sabe en qué estaba especializado, solo que sabía de ciencia tanto como cualquier ratón de laboratorio de la NASA). Ni decir lo que me provocaban las series más viejas que veía. Hasta con la Isla de Gilligan tenía ideas de que quería ser y hacer. Ahora, en mis 30’s, lo que quiero hacer, es televisión. No lo pude entender al principio, pero ¡las señales estaban!.

La época escolar es poco útil para visualizar qué diablos haremos en la adultez. Y la orientación en el bachillerato, tampoco fue muy buena. Viví en zona rural, estudié en un seminario, y tenían tanto poder de convicción (valga el espantoso ejemplo y lo perdonaran de antemano) como prostituta barata a la entrada de una iglesia.

En mis últimos años de bachillerato, opté por la Ingeniería Agronómica en la Universidad Nacional, sede Medellín (hice "El Vigía de la Salud" en la UMATA de Girardota y de ahí, la brillante idea); sin embargo, compré el formulario del Politécnico Colombiano JaimeIsáza para Producción de Televisión; Pero el examen fue tan risible, que no me sentí  a gusto con seguir esa carrera. Igual, tampoco seguí con la agronomía (si en bachillerato, en clases de cálculo, física y química, te califican EL ESFUERZO Y NO EL PROCEDIMIENTO, una ingeniería será tan cómoda y viable como tener sexo en la playa con una coraza de coral).

El tiempo pasó… Y el resultado académico de SU servidor en 2 años de estudio fue (solo con Cálculo), tercereando, la necesidad de sacar una nota de 6.4 (cuando la nota máxima era 5.0) para poder seguir en la carrera. Obviamente, desistí de la ingeniería. 

Trabajé por cerca de 2 años largos, en lo que apareciera (y a gusto en la cafetería de mi padre), hasta encontrar el “momentum” para volver a estudiar.

Nuevamente me vi en las manos de lo académico: Me presenté cerca de 3 veces a la U. de A.a comunicación social, nunca pasé; pero a la Nacional, como si me guardaran el cupo, pasaba, ésta vez, a ciencias humanas y económicas (HISTORIA). También me presenté a el Politécnico a Producción de TV, pero tuve que tomar una decisión administrativa: Costos de entidad pública, o apretarme con la inflación de entidad a “medio” privatizar. Ganó entidad pública.

Traté y traté de encaminarme a los medios, pero para los historiadores, hablar o estar frente a una cámara, es como someterlos a la guillotina de la que hablan más de la mitad de los textos que leemos en primer año. Lo único que recibí, fueron negativas, molestias, dolores de cabeza, metidas de pata y perdida de papeles. Al final de la carrera, salí, sin pena ni gloria por la puerta trasera del escenario. 

CONSEJO: NUNCA, y digo NUNCA SE ENEMISTEN CON LA SECRETARIA (o ninguna secretaria), porque eso es peor que golpear a un presidente (cualquiera) en los testículos, no lo mata, pero te arruinará la vida. “Been there, Done that”…

Ah, y de los medios, algo he hecho al respecto, nada personal, siempre para terceros, pero todo realizado con mucho afecto, con el que, dicen, solo puede identificarse un padre. (Ya he dicho que no quiero hijos, pero las obras, son como aquél que no quiero tener).

Dicen que nunca es tarde para empezar aquello que nos gusta, pero el problema nunca ha sido el tiempo; son el espacio, los recursos ($$$$$) y la disponibilidad mental para todos ellos. Los tiempos de autodescubrimiento debieron ocurrirme a más temprana edad. Claro que de este tipo de situaciones, hay películas muy bien recibidas: Invencible y The Fighter, ambas protagonizadas por Mark Wahlberg (en los papeles de Vince Papale y en la del boxeador Micky Ward, porqué  no hay por donde identificarme con Dicky); In Porsuit of Happiness (Mucha mierda la que Christopher Gardner que tuvo que ingerir para ser uno de los acaudalados hombres de bolsa); PATCH ADAMS (basada en la vida del doctor Doherty Hunter"Patch" Adams, quien tuvo que verse al borde del suicidio para ser uno de los mejores médicos del mundo.)

Aparentemente, para tener algo de reconocimiento, dinero y éxito, hay que perder todo lo material, ser lanzado a la calle, llegar a vivir en estaciones de metro, ser internado en clínicas de “reposo”, dejar que alguien 15 kilos más grande y pesado nos golpee, perder el autoestima, que la mujer nos deje, y que el pariente más cercano viva en la India.

Pero siendo honestos, la idea de no desfallecer buscando aquello que queremos lograr, por más que tropecemos, debe ser logrado y conseguido. Tal vez no lleguemos a ser los protagonistas de ninguna cinta, pero si lo seremos de la “película” de nuestra vida. Tropezamos, pero nos levantamos. Miramos adelante, damos dos pasos, retrocedemos uno, pero seguimos adelante, hasta que la colina deje de serlo. 

Las oportunidades están ahí, los amigos están ahí. Solo hay que juntarlos y crear.