De lo que no hablamos

Todos tenemos “huesos en el armario”. Algo que ocultar al mundo. No necesariamente implica  cadáveres o cosas GORE. Aplica a  nuestros demonios. Nuestras debilidades. Todos tenemos uno. No es una regla, pero es una realidad. No es como decirle a los papás “soy un espía”, o a la novia que llevamos una doble vida con identidad secreta incluida. Puede ser algo/alguien que nos avergüence; un pariente, amigo, conocido, amante. Un escrito. Una foto. Un video (tengo uno en Chicago, en el cual aparezco besando a una mujer de la tercera edad en una finca en Barbosa; y he contado tanto esta historia, que dejó de ser secreto hace años. Un saludo a la NENA).

Secretos que se ventilan sin querer: un amigo durmió con la mamá de otro amigo. Otro, terminó casándose con la que era la novia del “parcero” de toda una vida. La novia de un conocido lo abandonó por su mejor amiga. Son cosas que pasan, pero no queremos que nos persigan. Que nos atormenten. Pero están ahí.
Sin embargo, aquello que escondemos más, tiende a mordernos el culo con más saña que el más feroz de los animales. Y no hay porqué cundir al pánico y hacer algo estúpido como hacer una declaración -explicativa que nadie ha pedido-, ni porqué atormentar a quien no se lo merece narrando en detalle sucesos del pasado; pero cuando no hay otra solución, la verdad será nuestro verdugo.

 He procurado divulgar los míos para que no me salten desde el desván a romperme la espalda a mansalva. Mi abogada conoce la mayoría, pero igual, guardo cosas para mí. Hay cosas que son propias y algunas de ellas, no fueron hechas para ver nuevamente la luz del sol, ni para volver a recorrer los rincones oscuros de nuestro pasado para hostigar nuestro presente. La vida se complica demasiado pronto; demasiado feo; demasiado.
La honestidad vale. La privacía, vale más.

Aún tengo “muertos” en mi desván, pero son solo míos; solo me acosan a mí. Solo yo los puedo ventilar (si lo decido). Pero mejor, seguiré pagando el osario esperando a que el día de mi muerte, saquen los restos.

De lo que no hablamos

Todos tenemos “huesos en el armario”. Algo que ocultar al mundo. No necesariamente implica  cadáveres o cosas GORE. Aplica a  nuestros demonios. Nuestras debilidades. Todos tenemos uno. No es una regla, pero es una realidad. No es como decirle a los papás “soy un espía”, o a la novia que llevamos una doble vida con identidad secreta incluida. Puede ser algo/alguien que nos avergüence; un pariente, amigo, conocido, amante. Un escrito. Una foto. Un video (tengo uno en Chicago, en el cual aparezco besando a una mujer de la tercera edad en una finca en Barbosa; y he contado tanto esta historia, que dejó de ser secreto hace años. Un saludo a la NENA).

Secretos que se ventilan sin querer: un amigo durmió con la mamá de otro amigo. Otro, terminó casándose con la que era la novia del “parcero” de toda una vida. La novia de un conocido lo abandonó por su mejor amiga. Son cosas que pasan, pero no queremos que nos persigan. Que nos atormenten. Pero están ahí.
Sin embargo, aquello que escondemos más, tiende a mordernos el culo con más saña que el más feroz de los animales. Y no hay porqué cundir al pánico y hacer algo estúpido como hacer una declaración -explicativa que nadie ha pedido-, ni porqué atormentar a quien no se lo merece narrando en detalle sucesos del pasado; pero cuando no hay otra solución, la verdad será nuestro verdugo.

 He procurado divulgar los míos para que no me salten desde el desván a romperme la espalda a mansalva. Mi abogada conoce la mayoría, pero igual, guardo cosas para mí. Hay cosas que son propias y algunas de ellas, no fueron hechas para ver nuevamente la luz del sol, ni para volver a recorrer los rincones oscuros de nuestro pasado para hostigar nuestro presente. La vida se complica demasiado pronto; demasiado feo; demasiado.
La honestidad vale. La privacía, vale más.

Aún tengo “muertos” en mi desván, pero son solo míos; solo me acosan a mí. Solo yo los puedo ventilar (si lo decido). Pero mejor, seguiré pagando el osario esperando a que el día de mi muerte, saquen los restos.

Estrella Fugáz

No soy hombre romántico (al menos, no me considero uno. Pero me gusta tener detalles bonitos, dicientes). Y ciertamente, como el resto de los primates de mi género, presto poca atención a los pormenores.
El 4 de enero, vi mi primera estrella fugaz. Una pequeña bola chispeante en el firmamento. Yo sé que es solo una puta piedra espacial que entró a la atmósfera y se quemó, pero fue MI primera condenada estrella fugaz. 
 En medio de la “prendidez”, (pues andaba con rones en mi cerebro) escribí un mensaje de texto a mi novia, dedicándole el deseo (que no creo -ahora- existente) que provoca –culturalmente- al ver una de esas cosas en el aire.

Las estrellas fugaces tienen muchos significados, desde muerte, hasta nacimiento. No tuve un plan o propósito para año nuevo. Pero me provoco tener un perdido pensamiento de veraneo al imaginar que se puede pedir al voluble intento de astro. Prefiero ver las cosas día a día. Lo que se planea y no ocurre, desgasta el alma. Mantener las expectativas bajas para evitar desilusiones me ha resultado efectivo y planeo seguir así por algún tiempo más. Pero el romanticismo, la poesía y las películas, arruinan el raciocinio.
¿Quién no quisiera tener más dinero, o un mejor puesto de trabajo? ¿Un mejor dispositivo de comunicación para postear estos escritos sin necesidad de un PC, o un portátil? ¿O un método anticonceptivo que curara el SIDA y diera más placer en el sexo? Pero eso son cosas del YO y solo del YO. Y yo, solo pedí ser feliz, vivir en paz, y que mi novia viera lo mismo que yo esa noche.
El 4 de enero, vi mi primera estrella fugaz. Me faltó ambición e imaginación al pedir el deseo, pero eso es exactamente lo que necesito.


Al Padre Hugo, de la Iglesia de Todos los Santos en Woonsocket-Rhode Island, gracias.

Estrella Fugáz

No soy hombre romántico (al menos, no me considero uno. Pero me gusta tener detalles bonitos, dicientes). Y ciertamente, como el resto de los primates de mi género, presto poca atención a los pormenores.
El 4 de enero, vi mi primera estrella fugaz. Una pequeña bola chispeante en el firmamento. Yo sé que es solo una puta piedra espacial que entró a la atmósfera y se quemó, pero fue MI primera condenada estrella fugaz. 
 En medio de la “prendidez”, (pues andaba con rones en mi cerebro) escribí un mensaje de texto a mi novia, dedicándole el deseo (que no creo -ahora- existente) que provoca –culturalmente- al ver una de esas cosas en el aire.

Las estrellas fugaces tienen muchos significados, desde muerte, hasta nacimiento. No tuve un plan o propósito para año nuevo. Pero me provoco tener un perdido pensamiento de veraneo al imaginar que se puede pedir al voluble intento de astro. Prefiero ver las cosas día a día. Lo que se planea y no ocurre, desgasta el alma. Mantener las expectativas bajas para evitar desilusiones me ha resultado efectivo y planeo seguir así por algún tiempo más. Pero el romanticismo, la poesía y las películas, arruinan el raciocinio.
¿Quién no quisiera tener más dinero, o un mejor puesto de trabajo? ¿Un mejor dispositivo de comunicación para postear estos escritos sin necesidad de un PC, o un portátil? ¿O un método anticonceptivo que curara el SIDA y diera más placer en el sexo? Pero eso son cosas del YO y solo del YO. Y yo, solo pedí ser feliz, vivir en paz, y que mi novia viera lo mismo que yo esa noche.
El 4 de enero, vi mi primera estrella fugaz. Me faltó ambición e imaginación al pedir el deseo, pero eso es exactamente lo que necesito.


Al Padre Hugo, de la Iglesia de Todos los Santos en Woonsocket-Rhode Island, gracias.

Al que madruga... le da gripe....


No hay cosa más jodida que la enfermedad. Bueno, tal vez la muerte. Lo digo, porque ando enfermo. Me llegó la primera gripe del año.  Los calores intempestivos, los fríos sin calcular, la nariz descongelando, la fiebre alucinatoria (no me disgusta del todo, pero imaginar que Jane Lynch* es la mamá de una amiga del barrio Conquistadores, y me anda poniendo pereque para saber de ella, mientras Johnny Depp es el lugar teniente de Gears of War y está a la espera de órdenes para asaltar el la casa de Manson al lado de Homecenter de la 65. Todo  es muy difícil de interpretar con los ojos abiertos).
La salud se da por sentado, hasta que uno estornuda rebotando contra las paredes… Y como desde niño, me he peleado con la salud (recién llegué a este mundo, se me hizo lo más de simpático inhalar líquido amniótico, jodiendo mis bronquios… Igual, por algo se empieza y mi inicio, fue derecho a la incubadora) me toca ser precavido (sobre todo ahora que estoy en mis 30’s).
Recuerdo cuando “pasmaba” las gripas a punta de trasnochos, o bebiendo ron (porque lo que no mata el alcohol, es porque va de cajón). Ahora miro para atrás pensando que “¡Hijo de puta! ¡Fue ahí donde quedaron mis defensas!”. Me incomoda el dolor al respirar, sentirme como foco infeccioso. Hasta YO me veo al espejo con ganas de limpiarme con antiséptico. Igual, ni las mujeres de Playboy se deben ver lindas enfermas. Imaginemos a Mya Matthews con una infección intestinal severa y con problemas de esfínteres…
Hay cosas (y casos) en los que la filosofía popular dice más que nuestro médico; los abuelos siempre acuden a esta frase tipo Bristol: “los dolores de la vejez, son por los estragos de la juventud”. ¿Será que se puede frenar en seco con las malas conductas y empezar a vivir un régimen sano? ¿Pasar de una hamburguesa con papas, a una ensalada César?
Pienso en eso mientras chateo con Violeta Muse, intercambiando links de youtube de música “depre” para un viernes en casa con ganas de antibióticos (cervezas).
Todos buscamos algo de lo cual necesitamos cura.  Unos del alma, otros del corazón, muchos otros de cosas del cerebro… Yo, gozo de un alma atribulada, de mi corazón se encarga mi novia, y mi cerebro, es un templo convertido en parque de diversiones… Igual, no puedo hablar por otros al respecto de que es la causa de su enfermedad.  

http://www.youtube.com/watch?v=mEUsJRVV-PE
http://www.youtube.com/watch?v=GGHnYD2y-44
http://www.youtube.com/watch?v=dn_CjkNtl6s
http://www.youtube.com/watch?v=Gt7-UFcdhSw
http://www.youtube.com/watch?v=lE3Ukne22SE
http://www.youtube.com/watch?v=gU8VXkEalOs
http://www.youtube.com/watch?v=rTiGlNDnOtE
http://www.youtube.com/watch?v=VMi9FoNZZtM
http://www.youtube.com/watch?v=6W0GfSZ1mEY

Al que madruga... le da gripe....


No hay cosa más jodida que la enfermedad. Bueno, tal vez la muerte. Lo digo, porque ando enfermo. Me llegó la primera gripe del año.  Los calores intempestivos, los fríos sin calcular, la nariz descongelando, la fiebre alucinatoria (no me disgusta del todo, pero imaginar que Jane Lynch* es la mamá de una amiga del barrio Conquistadores, y me anda poniendo pereque para saber de ella, mientras Johnny Depp es el lugar teniente de Gears of War y está a la espera de órdenes para asaltar el la casa de Manson al lado de Homecenter de la 65. Todo  es muy difícil de interpretar con los ojos abiertos).
La salud se da por sentado, hasta que uno estornuda rebotando contra las paredes… Y como desde niño, me he peleado con la salud (recién llegué a este mundo, se me hizo lo más de simpático inhalar líquido amniótico, jodiendo mis bronquios… Igual, por algo se empieza y mi inicio, fue derecho a la incubadora) me toca ser precavido (sobre todo ahora que estoy en mis 30’s).
Recuerdo cuando “pasmaba” las gripas a punta de trasnochos, o bebiendo ron (porque lo que no mata el alcohol, es porque va de cajón). Ahora miro para atrás pensando que “¡Hijo de puta! ¡Fue ahí donde quedaron mis defensas!”. Me incomoda el dolor al respirar, sentirme como foco infeccioso. Hasta YO me veo al espejo con ganas de limpiarme con antiséptico. Igual, ni las mujeres de Playboy se deben ver lindas enfermas. Imaginemos a Mya Matthews con una infección intestinal severa y con problemas de esfínteres…
Hay cosas (y casos) en los que la filosofía popular dice más que nuestro médico; los abuelos siempre acuden a esta frase tipo Bristol: “los dolores de la vejez, son por los estragos de la juventud”. ¿Será que se puede frenar en seco con las malas conductas y empezar a vivir un régimen sano? ¿Pasar de una hamburguesa con papas, a una ensalada César?
Pienso en eso mientras chateo con Violeta Muse, intercambiando links de youtube de música “depre” para un viernes en casa con ganas de antibióticos (cervezas).
Todos buscamos algo de lo cual necesitamos cura.  Unos del alma, otros del corazón, muchos otros de cosas del cerebro… Yo, gozo de un alma atribulada, de mi corazón se encarga mi novia, y mi cerebro, es un templo convertido en parque de diversiones… Igual, no puedo hablar por otros al respecto de que es la causa de su enfermedad.  

http://www.youtube.com/watch?v=mEUsJRVV-PE
http://www.youtube.com/watch?v=GGHnYD2y-44
http://www.youtube.com/watch?v=dn_CjkNtl6s
http://www.youtube.com/watch?v=Gt7-UFcdhSw
http://www.youtube.com/watch?v=lE3Ukne22SE
http://www.youtube.com/watch?v=gU8VXkEalOs
http://www.youtube.com/watch?v=rTiGlNDnOtE
http://www.youtube.com/watch?v=VMi9FoNZZtM
http://www.youtube.com/watch?v=6W0GfSZ1mEY

De visceras, año nuevo y otros demonios


Es simpático cuando no se entienden las emociones cuando estas llegan, o se manifiestan. Igual, no soy muy emotivo (creo en el romanticismo, pero el concepto EMO de la actualidad -que difiere de su raíz original- me parece estúpido, demasiado anacronísta con la realidad, manejado irresponsablemente por los medios, mal administrado por los padres y “padecido” por personas que por una u otra razón, les falta definición sicológica y sexual… No lo tomen a insulto, aún si lo es).

Hace un par de semanas, me reuní, luego de mucho tiempo, con cuatro buenos amigos, (de unos cuantos) afianzados en el fuego del bachillerato. Sonrisas, abrazos, palmadas de espalda, brindis. Nuevamente reunidos los denominados compañeros de armas, compinches, cuates, parceros, la barra, los “mala sangre”. Nos pusimos al tanto de nuestras vidas. Uno casado, dos con parejas –heterosexuales- estables, y uno avocado a una vida centrada al crecimiento personal.y espiritual , donde si quieres un cambio en el mundo, debes empezar por tí mismo. No era el plan exacto de vida que imaginamos llevar, pero ahí es donde estamos. Fue bonito ver que de alguna forma, hemos madurado… Más o menos (yo, sigo practicando el síndrome de Peter Pan, negándome rotundamente a crecer de forma adecuada). 


Empecé a sentirme extraño.  El estomago me molestaba. Como gastritis sin dolor, como un vacio de hambre pero atiborrado de comida. Como que el colon me anda importunando la "maquina." ¿Serán gases? ¿Problema digestivo? Resultó ser nostalgia. Quien iba a creer.
En ese preciso momento, mientras reíamos, tuve un Deja Vú de la celebración de nuestros grados, esa que se realiza a final del año escolar. La nuestra fue en un gallinero en el jardín trasero de la casa de un compañero; ahí, todos hablábamos al son de rock en español, punk y Metallica, bebiendo Brandy Napoleón; beodos hasta la médula, pero eufóricamente animados y amistosos. Algunas rutinas no cambian. 
Llegó a mi mente el detalle de una conversación con otro de los compañeros (no de los presentes, sino de uno en la celebración, con quien tuve una amistad relativamente tormentosa basada en la búsqueda de ver quién era mejor representante a macho Alpha -y a quien años más tarde traté de saludar, a lo que este respondió mirando hacia otro lado, ignorándome) y mi persona, acerca de hacer una promesa,  bajo los efectos del alcohol, sellado con lágrimas, abrazos y aliento etilizado. Tal promesa consistía en no dejarnos “desvanecer” dentro del mundo adulto y que lograramos convertirnos en “alguien” en este mundo. Todos en el galpón, prometimos lo mismo.
Pero de una u otra forma, “no dejarnos “desvanecer” dentro del mundo adulto y lograr convertirnos en “alguien” en este mundo” ¿no es lo que tratamos de buscar? Ser reconocidos, no solo ser partícipes de algo, sino, ser parte INTEGRAL de un todo; que se sienta que nuestra presencia, nuestra sola esencia es incólume, imprescindible. No ser figuras fantasmagóricas inermes en la sociedad; espectros de cubículo, muebles humanos que mecánicamente ven pasar la vida por un ventanal en conjunto con el transporte urbano, con la misma significancia que una de tantas fichas de lego en el todo de una figura. Ser alguien, parte de algo en contexto con nuestro mundo y que éste, nos dé el crédito por ello.

Pero, a ciencia cierta -y retornando al tema inicial: ¿Que habíamos conseguido? ¿Los alumnos del Seminario Menor Juan Pablo II, promoción de 1996 –de la cual ni mosaico quedó en ninguna pared- lograron ser quienes querían? ¿Quiénes se suponían? ¿Consiguieron figurar en los anales de la sociedad a la que pertenecen? ¿Lograron algo? ¿Los propósitos que teníamos al salir del bachillerato, se alcanzaron? ¿En esto terminaron las promesas de una noche de tragos? ¿YO, con mis 31 –casi 32- años, carrera completa, pasión y entendimiento, que carajos he logrado hasta el momento, cuando ni siquiera le atiné a una carrera que me llenara y/o gustara al 100%?

Y todo esto me puso a pensar.

¿De qué nos sirve a todos hacer planes, vernos de niños disfrazados de bomberos, policías, doctores, para terminar siendo agrónomos, ingenieros químicos, o en el peor de los casos, proctólogos?  ¿De qué sirve tener un guión de vida cuando la vida misma se encarga de tirarnos en el aire a realizar giros de 360° ó, a veces de 720° cambiando por completo ese mapa imaginario que nos trazamos? (un amigo de mi infancia, quería ser imitador de cantantes y terminó convertido en mujer trabajando de prostituta en Italia. Puedo apostar que él –ni nadie- imaginó eso en su futuro). Y a todas estas, ¿Cuándo es que lo trazamos en realidad?

Desde que tengo uso de razón, siempre al final de cada ciclo lunar, en casi todas las familias (antioqueñas o no), se realiza un balance de los eventos ocurridos (puede ser aquí el cuando del trazado del mapa) en el trascurso del año, buenos y malos, para poder redimirse en el año que se aproxima, y dejar en el pasado los sucesos del cliclo que parte, entre humo de pólvora, gritos, música y vecinos borrachos queriendo besar a cuanta vecina/vecino se les atraviese en la animada celebración de año nuevo.
Cuando niño, trataba de pensar en tales balances mientras le ayudaba a mi mamá a sacudir el humo del sahumerio, o empacándole ropa a las tías en maletas para que dieran la vuelta a la manzana para que viajaran todo el año venidero. Y mientras me comía las 12 uvas reglamentarias (agüero representando cada mes del año, con una uva)– y las uvas reglamentarias de los demás- me cuestionaba: ¿Mi año fue bueno? ¿Qué quisiera mejorar en el año venidero que, en este que se va, fallé miserablemente? ¿Por qué me siento tan vacío con la despedida de este año? ¿A qué se debe la angustia de despedir el año viejo, cuando hay uno nuevo que sonríe –con los dientes postizos de algún conocido cercano de la familia-? Esa pregunta me sigue acosando hasta estos días. Y sigo sin dar con una razón concisa y eludo cada vez que puedo, en darle claridad al asunto. Como dice Walt Disney: “En este lugar perdemos demasiado tiempo mirando hacia atrás. Camina hacia el futuro”.
Pero el ser humano es un animal de hábitos, buenos como malos, y no puede evitar mirar al pasado para mirar su futuro. Caminar hacia el futuro es un salto de fé, como quien se lanza al vacío. Necesitamos a qué asirnos . Ahí entra el legado de planificar el año que inicia. Torpemente, sin ostentación. Pero hasta la planificación se ha venido perdiendo. La planificación, si no es desmedida es buena. A mí, como a muchas otras personas, planear la vida, las actividades u otras cosas, no nos funciona. Faltamos a los propósitos de conseguir alimentarnos sanamente, internarnos en gimnasios, estudiar idiomas, beber menos, salir más, o las promesas de conseguir mejores trabajos, o aprender a querer los que ya se tienen para obtener mejores resultados.
Es muy difícil apegarse a un plan. No es imposible, pero es poco probable. Sin embargo, eso no evita que cada año, faltando un minuto para que digamos “AÑO PASADO” estemos diciendo (en voz alta, o mentalmente) lo que queremos para el próximo año. Todos con su “agüero”, sus uvas, sus lentejas, las maletas en la puerta, los sahumerios, las 3 papas bajo la cama, las espigas en el pan, hasta bañarse con champaña, de forma inequívoca, vociferan – o no- que es lo que quieren para sí y los suyos en el año que reciben. Plantearse retos, superar logros. Olvidar los sucesos malos vividos. Olvidar el rencor, el odio que por nuestras mentes pasaba en situaciones difíciles. Los derrumbes, las perdidas humanas, los terremotos, maremotos (y otros tantos OTOS). Compartir todo lo que se pueda con los seres amados. Iniciar nuevamente la búsqueda de nuevas posibilidades, nuevas expectativas, nuevas esperanzas que nos llenen, nos satisfagan, nos den la calidez que buscamos, y que el año anterior, nos fue esquiva; saltar en Bungee, el trabajo que queríamos, el viaje que soñamos, la mujer-hombre de nuestros sueños.

No importa quienes fuimos, quienes somos ahora, ó quienes seremos despues. Lo único importante es que seamos fieles a nosotros mismos, a nuestras convicciones y a nuestros valores –aprendidos y desarrollados. No destruyamos el mundo en que vivimos. Mejoremos la calidad de vida de nuestro entorno. Vivamos como siempre, amemos como nunca y proyectemos felicidad. Eso siempre atrae cosas buenas. Siempre pensemos que hay algo que nos impulsa, aún si no sabemos que es… La inmensidad es atrayente, mística, envolvente y hasta religiosa (si no se tiene un dogma religioso, la inmensidad, puede servir como tal). No miremos atrás con dolor, con angustia, sino como un punto de enseñanza y clarificación. Abracemos lo nuevo como parte del cambio diario, y a lo viejo como el pilar de lo que ahora sabemos. No desperdiciemos los días y noches pensando cosas que no serán y tomemos las riendas de nuestra existencia. No armemos propósitos ficticios, si estamos a sabiendas que no los cumpliremos/lograremos, y creemos consignas para el día a día y alcanzar  metas tangibles. Y hoy, a las 12 de la noche digamos: Salud al nuevo año.



SIMADUSE: Serás extrañada hasta tu regreso.